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12/8/09

seattle - bloque II

Esta ciudad fue nombrada por el famoso jefe indio Seattle y "los de allí" lo pronuncian un poco como el rebuzno de un burro, siiiaaaaaadl. Bueno, no, miento. Así lo hacíamos los españoles. Cada uno tenía su versión y su forma particular de pronunciarlo, pero luego había otra que era la que tenían los americanos y a la que no conseguí acercarme mucho...

Pike Place Market

Bueno, aunque el campamento fue en Seattle, al estar en el campus no vimos mucho de la ciudad, salvo en las tres o cuatro excursiones que hicimos al centro. Durante la primera, tuvimos la impresión de que nos pateamos la ciudad entera. Empezamos en el Pike Place Market, un cúmulo enorme de tiendas de todo tipo, desde una de las pescaderías más famosas de Seattle, en la que el pescado se lanza desde arriba a los clientes, a pequeñas tiendas chinas o indias que huelen a una mezcla de veinte inciensos diferentes. Ocupaban una calle entera, en la planta baja y en el subsuelo y estaba mitad al aire libre y mitad cubierto.


Entré en una librería de segunda mano y me asombró el orden y la oferta que había. No es como aquí, donde algunas de estas tiendas parecen almacenes de objetos perdidos y donde te puedes encontrar una hoja del Quijote en un libro de cocina sin encuadernación. Marisol, la monitora que vive allí me contó que los libros de segunda mano se venden igual de bien que los originales, es más normal que aquí el comprarse libros usados.


Después comimos en un parque y nos dirigimos hacia el SAM (Seattle Art Museum), por donde nos dimos una vuelta entre instalaciones modernas y una colección privada de porcelana china. La obra que más me gustó fue una pared en la que cada visitante del museo podía clavar una hoja. Había fotos de familiares, tickets de caja, entradas al cine, notas...

En el SAM

Por último, nos dejaron de compras por una calle del centro, pero yo estaba tan cansada que me fui con unos amigos al centro comercial. Nos compramos una bolsa enorme de chuches y desaprovechamos el resto de la tarde para charlar.

6/8/09

bloque I - el campus


Al principio, los 20 días que iba a estar en Seattle de campamento me parecían una eternidad, pero luego se me pasaron volando. Ya me lo avisaba Juanjo con su "todo es nada, Lea". El campamento tuvo lugar en el campus de la Universidad de Washington, y quizá esa sea la parte que más echo de menos, porque en 20 días te acostumbras a levantarte con unos gritos de "¡Venga, señoritas!", a que lo primero que ves es tu compañera de habitación, que tiene la misma cara de sueño que tú, a arreglarte mínimamente en un baño abarrotado de chicas y a que una diga lo que piensan todas: "¡Qué pelos!"//"¡Vaya careto!" antes de irnos a desayunar al McMahon, alias Macmajón.


Te acostumbras a llevar siempre la tarjeta colgada del cuello (porque sin ella estás perdida), a comer todos los días pizza, a ir a clases de inglés con Marisol y al taller de historias digitales con Jennifer, a pelearte por el ordenador, a jugar a las cartas, a caminar de puntillas por los pasillos por las noches, a ver por las mañanas la gente que va a la universidad en bici, en patinete, andando, leyendo un libro, comiendo fast food, a cambiar del inglés al español cada 5 minutos...

23/7/09

Sana y salva

Algunos chicos y yo, que me apunto a un bombardeo, intentamos hacer colección fotográfica de las matrículas de los diferentes Estados, pero no lo conseguimos...

Queridos lectores:

Después de estas tres semanas muy ajetreadas y maravillosas, he vuelto de las Américas. Me lo he pasado muy bien y he hecho amigos de ambas partes del Atlántico. Tengo muchas cosas que contar, muchas fotos que subir... Casi no sé por dónde empezar. Estuvimos en un montón de excursiones en las que estrené mi súper-cámara-que-hace-fotos-debajo-del-agua (aunque no hubo ocasión para demostrar eso), pero gracias a Andrea conseguí reducir su número a menos de 1000 y por supuesto para vosotros he hecho una selección especial...

Mercado semanal en el barrio de Freemont, en Seattle.

14/11/08

Crónicas de mi odisea británica I

Bueno, ¡he vuelto del intercambio! Y naturalmente me dispondré a narraros todos los hechos maravillosos y fascinantes que me han sucedido en este viaje. Primero tendré que pediros perdón como ya se lo he pedido a mis padres por la falta de fotos. La verdad es que en las excursiones la mayor parte del día corríamos de un lado para otro y cuando estuve con Ellie (mi pareja de intercambio) no me apetecía perder el tiempo haciendo fotos. Ya se que no es una pérdida de tiempo, pero una semana es muy poco y estuvimos muy ocupadas.

Empezaré por el principio: el martes 4 de noviembre. Fuimos un poco insoportables y casi ningún profesor consiguió darnos clase, claro que también es un poco inocente pensar que se va a aprovechar el último día antes del viaje a Inglaterra. En fin, cogimos el autobús a las dos y media en el insty y tardamos una hora en llegar a Santander. El aeropuerto de Santander es de andar por casa, no será más grande que mi instituto y a parte de nosotros sólo había otros diez o veinte pasajeros. Además no vimos ningún avión, lo que nos llegó a preocupar un poco.

Tuvimos que esperar para facturar, pero como teníamos que comer todavía, no nos importó mucho. A las seis más o menos pasamos a la zona de embarque después de superar el control. La verdad es que mis compañeros tenían bastante miedo, ya que han aumentado mucho las medidas de seguridad, y a lo largo del viaje en autobús hicieron una larga lista de los objetos que podrían llegar a pitar, desde el aparato de ortodoncia hasta los botones del vaquero, pasando por pendientes, piercings y las anillas por donde pasan los cordones de los zapatos (?).

Se me ha olvidado contar que los profesores que vinieron con nosotros fueron Mar y Jose. La primera es profesora de inglés y representaba la organización, la seriedad y si tenías una pregunta, mejor se la hacías a ella. Jóse era más divertido y bromista (además de que tiene unos ojos muy bonitos), y nos lo pasamos muy bien con los dos.

El vuelo fue un poco incómodo, pero no se puede esperar más de RyanAir, Vuela Barato. Lo malo fue que a Jenny y a mí nos tocó al lado un señor increíblemente pesado del que al final huimos. Llegamos a Stansted Airport a las ocho, que eran las siete de allí. Esperamos bastante nerviosos a que nuestras parejas nos recojieran. Menos mal que no fui la última. Con Ellie no había hablado casi nada, pero cuando la vi, me pareció simpática desde el primer momento. Es un poco más baja que yo y tiene media melena rubia y ojos verdes-marrones. Tiene una expresión agradable (me refiero a que no da miedo hablarle) y sonríe mucho. Vino con su padre, que se llama Peter y trabaja en Londres. Es muy amable y le toma el pelo a sus hijas igual que Juanjo a la suya. Yo viví en el mismo pueblo del aeropuerto, Stansted, a diez minutos de Newport, donde esta el insty. Llegamos a la casa conduciendo por la izquierda lógicamente, a lo que cuesta acostumbrarme y allí conocí a la madre, Katie, y a las dos hermanas, Hazel y Jay, de 12 y 19 años respectivamente. La casa era de nueva construcción, unifamiliar y de dos plantas. También tenía un jardín en la parte trasera, donde viven los conejos y los conejillos de indias (en inglés llamados literalmente cerdos de guinea, de allí que estuvimos adivinando a que especie del reino animal pertenecían las mascotas de Ellie). La perra Liberty o Libby prefería dormir en la cocina. Aliviada pude comprobar que tenían un cuenco lleno de fruta, pues otra de las preocupaciones de mis compañeros era la comida. Todo lo que no esté cocinado con aceite, debe de ser malísimo, y nada se puede comparar a la elaborada dieta mediterránea. En fin. Ellie y yo compartimos dormitorio, pero como era pronto todavía, comenzamos a ver la peli "Mr. & Mrs. Smith", con subtítulos en inglés, ya que leyendo entiendo mucho mejor. Tampoco era un argumento muy exigente. Todos han sido muy simpáticos conmigo y no me ha dado ninguna vergüenza hablar en mi inglés relativamente simple. Buff, la verdad es que es muy complicado y a veces cuando terminaba una frase ya no me acordaba del principio. Ellie ha empezado a aprender castellano este año, así que a ver como nos las apañaremos.

Siento de nuevo la falta de fotos, que hace el texto un poco denso y difícil de leer. Gracias por vuestros esfuerzos.